Desde los primeros meses de vida.
Acompañamos la salud bucal de tu bebé desde el principio: valoración de frenillos y prevención temprana.

La primera visita al odontopediatra no es a los cinco años: es cuando sale el primer diente o cuando el bebé cumple el año. A esa edad no venimos a tratar nada, venimos a comprobar que todo va por donde debe y a dar a los padres las pautas que marcan la diferencia después.
En esa cita miramos los dientes que han salido, las encías, el frenillo de la lengua y del labio, y hablamos de lo que de verdad preocupa en casa: el biberón de la noche, la lactancia, el chupete, cómo limpiar una boca que apenas tiene dientes.
La caries de primera infancia —conocida históricamente como caries del biberón— es una enfermedad infecciosa y crónica muy agresiva que destruye los dientes de leche de los bebés y niños pequeños en cuestión de semanas.
Se previene con medidas concretas: no acostar al bebé con el biberón, limpiar los dientes después de la última toma, evitar zumos y bebidas azucaradas en biberón, y revisar la boca con regularidad. Cuando ya ha aparecido, cuanto antes se frene, menos diente se pierde.
Con la salida del primer diente ya se usa un cepillo pequeño y suave y una cantidad mínima de pasta con flúor, del tamaño de un grano de arroz. Hasta que el niño tiene destreza —y eso llega bastante más tarde de lo que parece— el cepillado lo hace o lo repasa un adulto.
Al salir el primer diente o al cumplir el año. Es una visita de prevención y de pautas, y es la que evita la mayoría de los problemas que vemos después.
Sí, en la cantidad adecuada a su edad, que es muy pequeña. En la visita te concretamos cuál y cuánta según los dientes que tenga.
Cuanto antes se deje, menos huella deja en la boca. Lo ideal es entre los 12 y 18 meses.
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Prevenir y cuidar antes que tratar; y si hay que tratar, lo mínimo necesario.
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