Una boca sana para toda la vida empieza pronto.
La prevención es el corazón de nuestra forma de trabajar. Con revisiones periódicas y hábitos adecuados evitamos problemas antes de que aparezcan.

La mayoría de las caries que tratamos en niños se podían haber evitado, y buena parte de las que tratamos tarde se podían haber frenado sin tocar el diente. La prevención no es una revisión de cinco minutos: es un diagnóstico temprano más unas pautas que se cumplan en casa.
Por eso en cada revisión no solo miramos los dientes. Repasamos cómo se cepilla, qué come entre horas, si bebe zumos, si usa flúor y con qué frecuencia, y ajustamos las pautas a ese niño concreto. Un plan que la familia no puede cumplir no es un plan.
Exploramos los dientes que ya han salido y seguimos los que están por venir, valoramos la mordida y el recambio de dientes de leche a definitivos, detectamos manchas y lesiones iniciales, revisamos la higiene y, si hace falta, hacemos radiografías para ver lo que no se ve.
También valoramos hábitos y funciones: cómo traga, cómo respira, si hay dedo o chupete. Muchas veces el problema de la mordida no está en los dientes.
Los selladores son una capa fina que se coloca en los surcos de las muelas, donde el cepillo no llega bien y donde empiezan la mayoría de las caries. Se ponen sin tocar el diente y sin molestias, y son especialmente útiles cuando salen las muelas de los seis años.
El flúor refuerza el esmalte y ayuda a frenar lesiones iniciales. La cantidad y la forma de aplicarlo dependen de la edad y del riesgo de caries de cada niño, y eso es justo lo que decidimos en la revisión en lugar de recomendar lo mismo a todos.
Como norma general, una revisión cada seis meses. En niños con alto riesgo de caries, con ortodoncia en marcha o con lesiones que estamos frenando, acortamos ese plazo. Y en niños con la boca sana y buenos hábitos, a veces se puede espaciar.
La clave de la prevención es la continuidad: una revisión aislada detecta, pero no previene.
Lo habitual es cada seis meses. Si hay riesgo alto de caries, ortodoncia o lesiones en seguimiento, acortamos el intervalo.
No. No hay que tocar el diente ni usar anestesia: se limpia el surco y se coloca la capa protectora. Es uno de los tratamientos mejor tolerados por los niños.
Sí, en las cantidades adecuadas a la edad del niño. Precisamente por eso la pauta se individualiza en consulta y no se recomienda la misma para todos.
Depende de la edad y del riesgo de caries. En la revisión te decimos la concentración de flúor y la cantidad concreta para tu hijo, que es lo que de verdad importa.
Una mancha blanca puede ser una lesión inicial que todavía se puede frenar sin empastar. Cuanto antes se vea, más probabilidades de resolverla sin tocar el diente.
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