Prevenir y cuidar antes que tratar; y si hay que tratar, lo mínimo necesario.
Nuestra filosofía nos diferencia de la odontología clásica más agresiva: priorizamos la prevención y usamos las técnicas menos invasivas para respetar el diente y al niño.

La odontología infantil clásica solía actuar tarde y a lo grande: cuando la caries ya era visible, se abría, se limpiaba y se empastaba una cavidad amplia. La mínima intervención parte de otra idea: el diente de un niño es un órgano que todavía tiene función, así que cada milímetro que se conserva importa.
En la práctica eso significa tres cosas. Diagnosticamos antes, cuando la lesión aún es reversible y se puede frenar sin tocar el diente. Si hay que intervenir, retiramos solo el tejido enfermo y respetamos el sano. Y damos a la familia las pautas para que ese diente no vuelva a enfermar, porque un empaste sin cambiar la causa es un parche con fecha de caducidad.
Es una forma de trabajar más minuciosa en la consulta y más exigente en el diagnóstico, pero es la que evita intervenciones agresivas y asegura que el niño crezca con una boca sana y sin miedo al dentista.
La primera cita no es una cita de tratamiento. Es la cita en la que tu hijo descubre que aquí no pasa nada. Le enseñamos el sillón, los espejos, la luz, dejamos que toque lo que quiera tocar y le explicamos con sus palabras qué vamos a mirar. Solo después revisamos.
En esa revisión valoramos los dientes que ya han salido y los que están por venir, la mordida, cómo traga, cómo respira y si hay hábitos que estén moldeando la boca —chupete, dedo, biberón—. Salimos de ahí con un plan, no con una lista de precios: qué hay que hacer ahora, qué hay que vigilar y qué no hace falta tocar.
Si no hay nada que tratar, lo decimos. Que una revisión termine en "no hay que hacer nada, nos vemos en seis meses" es un buen resultado, no una visita perdida.
Atendemos toda la odontopediatría: revisiones y prevención, caries con técnicas conservadoras, traumatismos —el diente roto de un golpe en el parque—, extracciones cuando son necesarias, selladores, aplicaciones de flúor y seguimiento del recambio de dientes de leche a definitivos.
La franja de 0 a 16 años no es casual: es el periodo en el que la boca y la cara terminan de formarse, y en el que una intervención pequeña a tiempo sustituye a una grande más tarde. Dentro de ese recorrido hay dos momentos especialmente sensibles: la llegada del primer diente y la salida de las muelas de los seis años.
En Peekaboo sabemos lo frustrante que es entrar a la consulta y encontrarse con una cara diferente en cada cita. Por eso, aquí no hay rotación de profesionales. La doctora Ana Ballester atiende personalmente cada tratamiento, desde la primera revisión hasta el último control. Para tu hijo, esto marca la diferencia entre volver a un sitio conocido y seguro o tener que empezar de cero con un desconocido en cada visita; para vosotros como padres, la tranquilidad de no tener que repetir la historia clínica una y otra vez ante un dentista nuevo. Aquí, quien os atiende ya conoce y recuerda a vuestro hijo.
Cuando sale el primer diente o alrededor del primer año de vida, lo que ocurra antes. Esa primera visita es sobre todo de prevención y de pautas para los padres: no esperamos a que haya un problema.
Sí. Un diente de leche con caries duele, puede infectarse y afecta al diente definitivo que viene debajo y al espacio que este necesita. Además, si se pierde antes de tiempo, los dientes de al lado se mueven y aparecen apiñamientos.
Trabajamos para que no. Usamos anestesia cuando es necesaria, con técnicas pensadas para niños, y la mínima intervención implica justamente tratamientos más pequeños y menos molestos. Nada se hace sin explicárselo antes.
Reservamos tiempo suficiente para no ir con prisa, normalmente entre treinta y cuarenta y cinco minutos en la primera visita. Preferimos una cita tranquila a tres citas corriendo.
Es lo más habitual y no es un problema. Vamos a su ritmo: hay niños que la primera vez solo se sientan y miran. Forzar a un niño es la forma más rápida de que no quiera volver.
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